Nací en el Distrito Federal dentro de un contexto familiar poco ortodoxo donde el amor por el drama y las letras se manifestaron pronto como medio de supervivencia. Desde el kínder ya escribía cartas de amor y cuentos para conquistar el corazón del niño de mis sueños, suceso que invariablemente terminaba en la dirección del colegio ya que lo que escribía les parecía a los adultos un lenguaje lleno de palabras y fantasías poco común para una niña de mi edad, a lo que generalmente yo contestaba: “que no entiendas el amor y que a ti no te hayan dado imaginación no es mi problema”. Para los ocho años y cinco colegios de por medio, ya contaba con algunas obras de teatro que representaba en la sala de casa de mi abuela con una producción impecable, suceso que generalmente terminaba en castigo el resto de la semana por ocupar cierto elemento escenográfico traído de alguna parte del mundo que al calor de la pasión interpretativa terminaba hecho pedazos. Supongo que esa fue una de las múltiples razones que convenció a mi madre a decir que sí ante mi petición de tomar clases de teatro que a mi corta edad le pareció el espacio perfecto para canalizar tanta intensidad. Así más o menos, fue el comienzo de una búsqueda interminable por encontrar la manera de expresar esta energía inconmensurable que me ha caracterizado desde siempre. Apasionada e intensa, loca furiosa de observar la vida, con una imaginación incontrolable, que me llevó no sólo a terminar la carrera en Arte Dramático tres veces, sí tres…(se me olvidó mencionar obsesiva también) además de la de Dramaturgia y Dirección Escénica, (en cuanto al estudio nunca he tenido llenadera) para “finalmente” terminar muy lejos estudiando una Maestría en Dirección, Escritura y Artes Teatrales. Y sigo buscando…

Ganthä, es el resultado de todo este viaje, es la expresión de un espíritu libre dispuesto a todo con tal de llevar su sueño hasta sus últimas consecuencias: contar historias divertidas, profundas y entrañables que transformen al mundo.

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