Nací inquieta y pronto desarrollé cierta agudeza mental y verbal. Heredé algunas aptitudes artísticas y dotes histriónicos que se dejaron ver desde los primeros festivales escolares, pero los canalicé profesionalmente hasta que fui mayor de edad. Trabajé como actriz en televisión y teatro, sobre todo, aunque también hice cine y cabaret. Años después estudié creación dramática y guionismo, porque era urgente estructurar y sistematizar (un poco) mi ansiedad por contar historias y crear realidades alternas. Tuve maestros realmente buenos y destacados en su especialidad como Hugo Argüelles, Benjamín Cann, Luis Eduardo Reyes, Enrique Rentería y otros grandes con los que trabajé proyectos y ejercicios que a veces daba a leer a mi papá (DEP), quien es un escritor famoso (luego les digo quién), hasta que un día, al terminar la lectura, me miró con los ojos sutilmente acuosos y me dijo: “eres escritora, chaparra.” ¡Uy! ¡Lloré a mares de felicidad, nerviosismo y, he de confesarlo, algo de miedo! ¡Vaya responsabilidad! Desde ahí arranqué. Mi práctica profesional al día de hoy abarca el medio cultural, literario y la comunicación. Estrené mis primeras obras de Teatro en Cumbre Tajín 2002 y desde entonces he sumado experiencia trabajando para Ciudad Multimedia, Centro Veracruzano de Arte Popular (COVAP), Instituto Latinoamericano de Comunicación Educativa (ILCE), Televisa, Columbia Tristar Entertainment Television Latinamerica, Editorial CRT, Editorial Paralelo 21, Fundación Chespirito, Películas Rodríguez y hoy soy orgullosamente parte del equipo de creadores de Ganthä. Pertenezco a esa afortunada minoría que vive de hacer lo que más le gusta; amo entrar en la ficción y manipular los vicios de mis personajes para que uno de ellos demuestre tener la razón. Magnífica vocación que no puedo explotar en otro lado, pues sería perverso andar por ahí manipulando defectos, ¿cierto?

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